martes, 1 de abril de 2014

La brevedad de la vida.

Qué paradoja de la vida, en este momentos estamos respirando y mañana o en cualquier momento lo dejamos de hacer. La gente que nos rodea se sorprende y no da crédito del suceso y los comentarios de incredulidad no se hacen.  “ayer lo vi, estaba muy sano, no puedo creer que  hoy este muerto”.
Según cifras oficiales, el incremento en el índice de decesos ha aumentado más del 50 % que en la década de los 90. Los factores de riesgo son muchos, pero los que más reportan fallecimientos  son: los accidentes automovilísticos y los suicidios. Los primeros pueden ser imprudenciales; por conductores que han bebido, los que vienen hablando por celular y los que creen que las avenidas son autopistas y que los peatones deben cederles el paso.
Lamentablemente los que causan más conmoción hablando desde el punto de vista sentimental son los que les ocurre a gente que destacaron por sus actitudes y aptitudes ante la vida, por ser líderes de opinión, (caso Mariana Levi que murió por un infarto al ser asaltada a mano armada, en su auto, ante la presencia de su familia, y como este existen miles). Sin dejar de lado a cualquier ser humano que pierde la vida en milésimas de segundos, de manera absurda.
Como testigo me tocó presenciar la casi muerte instantánea de transeúnte que atravesaba la calle por la esquina, un automóvil sin encender luces ni disminuir la velocidad, prácticamente lo envestía porque quedaron justamente en frente. En fracción de segundos, el  imprudente conductor, viro el volante, pero siguiendo los movimientos de la víctima, ante estas circunstancia se esperaba el fatal desenlace. Afortunadamente no ocurrió.
Como se dice en el argot popular,  “cuando te toca aunque te escondas, cuando no te toca aunque te pongas”. Lo cierto es que debemos ser precavidos cuando transitemos por las calles o avenidas, porque  lo grave no es que sufras el accidente, porque finalmente mueres y no te enteras de nada más.  Sino lo preocupante en este caso es la pena moral y los pendientes que dejamos a los familiares,  porque no nos dio tiempo de ponernos al corriente en nuestras deudas, o dejar en regla documentos oficiales que tengan que ver con trámites burocráticos.


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